Sobre mi

quién soy

Quién es Joan Roca

Mi nombre completo es Joan Francesc, y fui bautizado así en honor a mis dos abuelos. 

De padre catalán y madre dominicana, siempre tuve una mirada diversa y multicultural del  mundo

Nací en Barcelona en 1995, y mi infancia y adolescencia las viví entre los viñedos del Penedès. Mis primeras vías de autoconocimiento de mi propio cuerpo fueron el kárate desde los 9 años y el  baile. Después de graduarme en Historia del Arte en la Universitat de Barcelona en 2019, empecé  a buscar mi verdadero propósito a través de viajar por varios continentes, experimentarme en la  danza contemporánea, el teatro y la expresión corporal. 

Fui de los que en el confinamiento de 2020 empezó a practicar yoga.  

Desde la primera clase sentí que esta disciplina podía dar respuesta a inquietudes espirituales  que me habían acompañado desde la infancia. Con el tiempo, el yoga no solo me ofreció  respuestas, sino que me impulsó a hacerme preguntas más profundas y a abrir un proceso  constante de transformación.

EXPERIENCIA

Experiencia impartiendo clases de yoga, meditación
y respiración

Convertirme en profesor de yoga ha sido fruto de la escucha: desde mis primeros pasos como  alumno, otras personas se acercaban a mí en busca de guía, tanto en la práctica física como en  la filosofía y la dimensión espiritual del yoga. 

Hoy trabajo como profesor de yoga en Barcelona, soy presidente de una asociación dedicada a  acercar el autoconocimiento a jóvenes en riesgo de exclusión social, y desarrollo en paralelo mi  carrera como DJ. He participado también en dos ediciones de “The Festival of Counsciousness”,  impartiendo talleres para conectar con la adolescencia interior.

IMPORTANCIA DEL YOGA

Motivos por los que encuentro importante el yoga

Nos conecta con nuestro cuerpo, desarrollando la fuerza, la flexibilidad y la propiocepción.

Ayuda a comprender nuestro mundo interior y por lo tanto, interactuar mejor con el mundo exterior.

Es un antídoto delante de un mundo cada vez más frenético y estresante.

Aprendemos a descubrir e indagar en nuestra propia dimensión espiritual.

Obtenemos recursos para aceptar la propia impermanencia del curso de la vida.